lunes, junio 12, 2006

Diario

Es 24 de septiembre de 2002, y una niña ociosa ya no encuentra dónde escribir sus ocurrencias. Sube a la papelería de su tía y hurta, por así decirlo, un cuaderno Scribe de 100 hojas. Bien podría ser el cuaderno con la portada más rosa y llamativa que se pueda encontrar y que cualquier otra niña escogería, pero a esta niña rara no le gusta ser como los demás, aparte de que una portada tan estúpida arruinaría el misterio que provoca un cuaderno con una pasta tan común que cualquiera pensaría que se trata de otro más de la escuela. Entra a su cuarto, observa el cuaderno, y dice para sus adentros: "En éste sí escribiré hasta el final". Y empieza a escribir. Y pasan los años. Hay temporadas en que escribe todos los días. Y hay otras en que no tiene nada qué contar. O es sólo que no sabe cómo empezar.

Y llega el 11 de junio y se reencuentra con su más íntimo amigo. Ella ha crecido, y su amigo se ha vuelto viejo. Tal vez tratando de descifrar lo que ella ha querido decir, o sólo buscando figuras entre las dispares manchas de tinta. Y sólo le queda una página.

Termina una etapa a la vez que aparece un último punto final.

1 Comentarios:

Blogger Feldmarschall González dijo...

en pocas palabras.. algo conmovedor. chale.

9:15 a.m. GMT-7  

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