viernes, julio 21, 2006

Quejas

Después de casi rogarle a mi tía por su permiso hasta que tuvimos que llamar a mi mamá por teléfono, esperar un camión quince minutos bajo el sol y una larga caminata que no me desagradó tanto como la espera, por fin estoy en mi casa.
Un día más en ese lugar y creo que me va a explotar la cabeza en mil pedazos. Aproximadamente entre seis y doce horas diarias de computadora fueron reducidas a una, y lo único que me mantiene lejos de una crisis son los libros, un disco mp3 defectuoso y un cuaderno de dibujo.
Por el momento me encuentro comiendo maruchan y escuchando a Bowie con el aire acondicionado al máximo, así que voy a disfrutar estos momentos de libertad.

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